El mensaje que Liam envió a Ignacio aquella noche quedó flotando en la oscuridad de su habitación como una confesión no deseada. Lo había escrito con los dedos temblorosos, lo había releído tres veces, y luego había presionado «enviar» antes de que su orgullo pudiera detenerlo.
Ahora se arrepentía.
No porque la información fuera falsa. Había escuchado suficiente en las conversaciones de Ignacio para saber que «El Ruso» representaba un peligro real. Se arrepentía porque había recurrido a él. A u