Laura llegó a Miami en un vuelo nocturno, con un nombre falso y una determinación que no había sentido en años. La declaración que firmó en República Dominicana había sido un error, una decisión tomada bajo presión. Pero ahora, lejos de la mirada acusadora de su padre y de la frialdad de Ignacio, podía respirar. Y respirar le daba claridad. Claridad para ver que no había perdido la guerra. Solo había perdido una batalla.
Se alojó en un motel barato cerca del aeropuerto, un lugar anónimo donde n