SANTIAGO CASTAÑEDA
Suspiré agotado sabiendo que era una pelea que ya la tenía perdida. Retrocedí hasta el sofá y me dejé caer sobre él. La cabeza comenzaba a darme vueltas.
—Es la mujer de la que te hablé —confesé con la mirada clavada en el techo, imaginándome esos hermosos ojos verdes que me traían como pendejo—. La mujer con la que pasé la noche.
El silencio de Julia se hizo tan largo que pensé que no me había escuchado, entonces posé mi atención en ella, parecía estar reflexionando sobre ca