JULIA RODRÍGUEZ
Me quedé sentada detrás de mi escritorio, viendo con atención mi teléfono y esa única llamada perdida de Matthew que no me digné a contestar, mientras las palabras de mi suegro daban vueltas por mi cabeza.
Inhalé profundamente y antes de exhalar, la puerta sonó un par de veces antes de abrirse. Liliana se asomaba con una sonrisa temblorosa mientras intentaba no tirar la enorme caja que mantenía apoyada contra su cadera.
—¿Estás ocupada? —preguntó entrando de todas formas—. Te t