Mundo de ficçãoIniciar sessãoSANTIAGO CASTAÑEDA
Mis pasos me llevaron al club de siempre. Los guardias me dejaron entrar de inmediato y llegué hasta el privado que siempre estaba apartado para mí. Uno a uno mis amantes fueron llegando. El cantinero sabía que en cuanto me sentaba sobre el sofá en forma de semicírculo, tenía la obligación de llamarlos para complacerme.







