SANTIAGO CASTAÑEDA
—Creo que perdí mi collar —dijo Julia paseando sus manos por su cuello mientras sus ojos se movían por la mesa.
—No lo perdiste, te lo robaron. Después lo recupero. —La tomé del brazo y la alejé de ahí, llevándola a un lugar apartado donde nadie nos pudiera escuchar. Desde ahí pude ver la cruel escena. De pronto todo el aprecio y cariño que sentía por mi padre volvía a estar en el piso, como cuando era niño y lo veía por primera vez ser cruel con el corazón de mi madre.
Ahí