MATTHEW GRAYSON
Escuché gritos y reclamaciones, pero sonaban distantes y sordas, apenas y podía distinguir palabras mientras mis ojos estaban fijos en el cielo y un dolor punzante se hacía cada vez más grande en mi boca.
Había pasado de probar el cielo y sentir el ardor del infierno.
—¡Jefe! —exclamó Carl corriendo hacia mí y ayudándome a levantar. Entonces lo vi, el esposo de Julia frente a mí.
—Ya me la debías… ¿Recuerdas el día de la cafetería? No te hice nada porque Julia no lo permitió,