MATTHEW GRAYSON
—No sabes lo feliz que me siento de saber que por fin las cosas son como deben de ser, tú y Sharon, juntos después de tanto tiempo —agregó mi madre con emoción, como la de una adolescente a la que dejan ir de fiesta.
Mientras tanto podía sentir la tensión detrás de mí. A través del reflejo del espejo colgado cerca de la puerta, vi a Julia, de pie, con el rostro agachado, con la mirada perdida. Rota, pequeña, pero silenciosa.
—¡¿Quién te hizo eso?! —exclamó mi madre, acercándose