LILIANA CASTILLO
Javier besó mi mano con ternura antes de dar media vuelta y acercarse a la puerta, cuando volteó hacia mí, regresó la Liliana inocente y fantasiosa, esa que solo salía a flote cuando se sentía en confianza.
—¿Sientes algo? Algo como… ¿amor? —pregunté y me arrepentí. De inmediato me sonrojé cuando él sonrió de medio lado.
—Es muy pronto para hablar de amor —contestó encogiéndose de hombros y soltando un suspiro—, pero no soy tan cobarde como para negar que hay algo en ti que ha