LILIANA CASTILLO
—Somos los mejores —respondió la rubia que iba con Carl, cruzándose de brazos y viendo con recelo a la rubia del otro lado de la reja.
—Entonces… ¿por qué no han logrado matar a Julia? ¡Es solo una mujer! —exclamó furiosa.
—¡Shhh! —La rubia número uno sacó la mano de entre los barrotes, queriendo silenciar a la rubia número 2—. Es complicado, ¿entendido?
—Mientras Julia siga viva, ni tú ni yo tendremos lo que queremos, Rita —dijo la rubia número dos. «Rita, Rita, Rita», repe