LILIANA CASTILLO
Ya sabía yo el resultado, y aunque fui sincera, no me salvé de la prueba.
Sentada en la silla de los acusados, vi la prueba de embarazo en el escritorio del señor Castañeda, mientras el silencio se volvía cada vez más profundo e incómodo. El hombre permanecía sentado del otro lado del escritorio, se veía más avejentado y consumido. Sus pómulos marcados y sus ojos hundidos. La señora Carmen permanecía en el sofá, recostada como modelo de revista, luciendo un hermoso vestido y j