SANTIAGO CASTAÑEDA
—¿Qué hace aquí, señor «Castrejón»? —preguntó Alex con fastidio mientras caminaba por los pasillos, con los brazos cruzados y la mirada fija en el horizonte, rehusándose a verme a la cara.
—Te seré sincero, no planeaba encontrarte aquí —contesté entornando los ojos. Tuve que guardar mis manos en los bolsillos para contener mejor mis deseos de tocarla.
Entonces se giró abruptamente hacia mí, con su mirada feroz y llena de resentimiento.
—No te creo —sentenció—. No hay maner