LILIANA CASTILLO
—Ah… ¿puedes ser más clara? Porque no entiendo muy bien de qué estamos hablando —dije con la voz entrecortada, nerviosa, al borde del colapso, quería salir corriendo lo más rápido posible, pero me obligué a comportarme como adulta, como esas veces que, después de apagar la luz de la habitación, caminaba lento hacia la cama, como una forma de demostrarle al fantasma que no creía en él aunque en el fondo quería correr, saltar al colchón y envolverme en la sábana.
—No es necesari