En la oficina, los rumores vuelan más rápido que los correos electrónicos.
Para ese entonces, yo ya vivía con Samantha.
Ya no había horarios de llegada ni explicaciones que dar.
Pero Norlan…
no había terminado conmigo.
Su insistencia se volvió rutina.
Aparecía en mi cubículo.
Me llamaba a su oficina sin motivo.
Buscaba cualquier excusa para acercarse.
Se convirtió en una sombra.
Ahí fue cuando apareció Cruz.
Alto.
Impecable.
De esos hombres que no necesitan decir mucho para imponer presencia.
O