Regresar a la oficina fue como encender una luz blanca, directa, casi quirúrgica… después de haber vivido dentro de un sueño cálido.
Todo era orden. Citas agendadas. Correos pendientes. Presentaciones en PowerPoint perfectamente alineadas. Mi vida entera cabía en diapositivas limpias. Mientras tanto, por dentro… todo estaba peligrosamente desacomodado.
Hablaba, respondía, sonreía cuando correspondía. Funcionaba en automático. Pero no estaba ahí.
En el almuerzo, el tema giró —como siempre— haci