Hay hombres que llegan a tu vida para construirte.
Y otros que llegan, simplemente, para romperte la calma.
El 19 no fue un romance. Fue una emboscada.
Era cierre de año. La oficina respiraba una presión sofocante: números, metas, la urgencia constante del reloj. Todo el mundo corría… y yo, en medio del torbellino, corría con ellos.
Mi jefe, un hombre brillante para supervisar pero torpe en la ejecución, recibió un caso que bajo ninguna circunstancia se podía fallar: un cliente VIP. Amigo direc