Con Erick todo empezó como deberían empezar las cosas importantes:
Sano.
Correcto.
Respetuoso.
Y, sobre todo… lento.
Yo ya no quería sumar nombres a la lista. Me había prometido que, si alguien entraba, sería para quedarse. Para construir. Para darme esa estabilidad que tanto me había costado entender… y aún más sostener.
Y con él, todo parecía alinearse.
Tuvimos citas perfectas, cenas tranquilas y conversaciones sin sobresaltos. Planes que jamás cambiaban a última hora. Fuimos a la iglesia, co