Reglas nuevas, mismos errores.
En la oficina, todo cambió.
Y al mismo tiempo…
no cambió nada.
Yo ya no era la misma.
Era más dura.
Más distante.
Más profesional.
Pero Norlan seguía ahí.
Y tener que hablarle por trabajo…
se volvió insoportable.
No era dolor.
Era rechazo.
Responderle correos.
Entrar a reuniones.
Sostener conversaciones normales…
con alguien que ya sabía exactamente quién era.
Un mentiroso.
Un infiel.
Un hombre que sabía manipular cada palabra.
Cruz seguía siendo mi refugio dentro de ese espacio.
Pero ni siquie