"Para siempre."
Esas dos palabras resonaron en mi cabeza como una sentencia judicial, pesadas, definitivas, aplastantes. Pero el contraste entre el pánico de mi mente y el fuego líquido que corría por mis venas me estaba volviendo loca.
Estaba sentada a horcajadas sobre Aleksei en su inmenso despacho, con la falda de mi vestido arremangada hasta la cintura y mis bragas de encaje destrozadas, colgando inútilmente de uno de mis muslos. Sus dedos largos y ásperos se movían dentro de mí con una pre