El frío de Rusia no se parecía a nada que hubiera experimentado antes. No era solo una temperatura; era una presencia física, pesada y cortante, que amenazaba con congelarte la sangre si te atrevías a respirar demasiado rápido.
El trayecto en helicóptero desde el aeropuerto privado hasta la propiedad de Aleksei había transcurrido en un silencio sepulcral. Abajo, el paisaje era una extensión infinita de pinos negros y nieve virgen, un desierto blanco que devoraba todo rastro de civilización.
Ale