Fiona lo miró sin emoción.—Basta con que un médico revise la receta, a menos que la verdad no te importe y solo quieras desquitarte conmigo. En ese caso, no necesitas buscar excusas. Castígame de una vez. Lo soportaré.Laura ya había usado métodos parecidos para incriminarla.Una vez se dejó caer por las escaleras y, con los ojos llenos de lágrimas, afirmó que Fiona la había empujado. En otra ocasión, mientras Fiona cocinaba, Laura se echó aceite hirviendo en una mano y aseguró que Fiona se lo había derramado encima.Había sucedido incontables veces.Antes, Fiona no entendía cómo Rubén, un hombre tan inteligente, era incapaz de ver montajes tan evidentes. Ahora lo comprendía: sí los veía. Simplemente, cuando Laura resultaba herida, necesitaba un culpable sobre quien descargar su rabia.Y ese culpable siempre tenía que ser Fiona.Esta vez, ella ni siquiera se molestó en mirarlo. Se había vuelto inmune a sus acusaciones. Que Rubén desconfiara de ella ya no podía lastimarla.Él sintió qu
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