Aquella mañana, mientras Fiona se alejaba en el vehículo oficial, Rubén estaba ocupado en la cocina.
—Rosa, ¿estás segura de que a Fiona le gusta el omelet? —preguntó mientras rompía varios huevos en un tazón—. Es demasiado sencillo. ¿No hay algo más elaborado que le guste? Si la receta no es difícil, no se notará todo mi esfuerzo.
El ama de llaves, Rosa Méndez, sonrió.
—Fiona prefiere los sabores suaves y casi no come carne. Le encantan las verduras, pero también le gustan el pescado y los cama