Capítulo 5
Aquel era el día más doloroso de la vida de Fiona. Su hijo había muerto y nadie podía sufrir más que su madre. Aun con una pierna fracturada, se había obligado a ir para despedirlo, pero los Rivas la arrastraron fuera de la capilla y la arrojaron al patio. Allí la golpearon con palos, le lanzaron piedras y descargaron toda su crueldad sobre aquella mujer que acababa de perder a su hijo.

Una piedra le abrió la frente. Alguien le arrebató una muleta y la usó para golpearla. Fiona cayó al suelo con el rostro y el cuerpo cubiertos de sangre.

—¡Basta! —Rubén se interpuso para protegerla—. ¿Se volvieron locos? La muerte de Leo fue un accidente. Fiona no tuvo nada que ver. ¡No perdonaré a quien vuelva a tocarla o a hacerle daño!

Intimidó a todos con la mirada. Como presidente del Grupo Rivas y principal heredero de la familia, nadie se atrevía a desafiarlo. La multitud se dispersó enseguida.

Solo entonces su expresión se suavizó. Levantó a Fiona en brazos, la llevó al piso de arriba, sacó el botiquín y comenzó a limpiarle y vendarle las heridas.

Ella no mostró el menor agradecimiento. Lo miró con frialdad.

—Quien llevó a Leo a surfear fue Laura. ¿Por qué tu madre acaba de decir que yo lo maté?

La mano con la que él sostenía la gasa quedó inmóvil.

—Sabes que la situación de Laura dentro de la familia es complicada. Si se enteran de que provocó indirectamente la muerte de Leo, no volverán a permitirle acercarse a la familia.

Desvió la mirada antes de continuar:

—Tú eres diferente. Eres mi esposa y yo te protejo. Nadie se atreverá a hacerte daño. Asume la culpa en lugar de Laura esta vez. A cambio, te transferiré la mitad de mis acciones en el Grupo Rivas.

Tras decirlo, observó a Fiona con inquietud. Esperaba que se enfureciera, llorara y le reclamara por favorecer siempre a Laura.

Pero la calma de ella lo llenó de temor.

—Haz lo que quieras. Ya no me importa.

Rubén interpretó su indiferencia como una aceptación. Debería haberse sentido aliviado, pero su confusión no hizo más que aumentar.

—No pienses mal. Entre Laura y yo solo hay cariño de hermanos —explicó por iniciativa propia—. Crecimos juntos y siempre la consideré mi hermana menor. Cuando descubrimos que no era hija biológica de los Rivas, la familia la apartó y ella volvió a usar su apellido de origen, Duarte. Yo tampoco podía abandonarla.

—Lo entiendo —respondió Fiona con la vista baja—. No tienes que explicarme nada.

Solo se necesitan explicaciones cuando todavía existe amor. Ella ya no lo amaba y tampoco necesitaba escuchar ninguna justificación.

Aunque descubriera que Rubén se había acostado con Laura, Fiona ni siquiera se molestaría en pedirle explicaciones.

Él estaba cada vez más alterado y se disponía a hablar cuando una empleada entró a toda prisa.

—¡Señor Rivas, ocurrió algo terrible! Laura vino a despedirse de Leo y se encontró con Natalia. ¡Natalia se abalanzó sobre ella y empezó a golpearla!

Natalia Rivas era la hija biológica de la familia.

Antes de regresar con los Rivas, Natalia había llevado una vida infernal. Incluso había sufrido abusos sexuales por parte del hombre que la crió. Por eso odiaba a Laura con toda su alma. Cada vez que la veía, se abalanzaba sobre ella y la golpeaba sin piedad.

Laura, por su parte, nunca se defendía. Se limitaba a arrodillarse y adoptar su expresión más lastimera.

En cuanto oyó que Natalia estaba golpeando a Laura, Rubén entró en pánico. Dejó la gasa a un lado y se levantó con prisa.

—Termina de vendarte sola. Tengo que bajar antes de que esto empeore.

Se marchó sin perder un segundo.

A Fiona aquello le pareció absurdo. Natalia era la hermana biológica de Rubén, pero a él no parecía importarle que la hubieran maltratado desde niña ni que hubiera sufrido abusos a manos de quien la crió. En cambio, se conmovía por las lágrimas falsas de Laura.

Abajo, Rubén desafió a toda la familia y se interpuso para proteger a Laura.

Natalia lloraba con tanta desesperación que Fiona podía oírla desde el piso superior.

—¡Rubén, yo soy tu verdadera hermana! ¿Por qué nunca estás de mi lado? ¿Por qué siempre prefieres a esa maldita Laura?

Su voz se quebró aún más.

—¡Siempre eres igual! También has sido cruel con Fiona. Esa víbora hipócrita la ha incriminado una y otra vez, pero tú finges no verlo. Por eso Fiona perdió toda esperanza en ti. ¿No notaste que últimamente apenas te dirige la palabra? ¡Ya te conoce y no espera absolutamente nada de ti!

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