4 El pacto con el diablo

Fiorella sintió que el suelo desaparecía bajo sus tacones de aguja.

El aire del inmenso despacho, saturado con el aroma a Imperial Majesty, se volvió denso, casi irrespirable.

Las majestuosas puertas de caoba se habían cerrado a su espalda, atrapándola en una jaula de lujo con las mejores vistas al golfo de Nápoles.

—Tú... —la palabra murió en la garganta de Fiorella, convirtiéndose en un hilo de voz ahogado.

La elegante silla de cuero terminó de girar despacio.

Valerio Vitale se inclinó hacia adelante, entrelazando sus dedos grandes sobre el escritorio con una calma insultante y una sonrisa implacable.

Llevaba un traje sastre italiano hecho a medida que acentuaba la imponente anchura de sus hombros y su porte de monarca absoluto.

—Jugar conmigo siempre cuesta más de lo que puedes pagar.

El impacto de la revelación golpeó a Fiorella con la fuerza de un camión.

El bolso de diseñador se le resbaló de las manos, impactando contra el suelo de mármol pulido.

El "gigoló" al que le había pagado una fortuna para mitigar su despecho, el hombre que la había reclamado con una posesividad indecente ante los ojos atónitos de Dominic, era el depredador de los mercados bursátiles.

El heredero absoluto del imperio naviero que tenía el destino de su familia entre sus dedos.

La humillación, rápida y caliente, le encendió las mejillas, pero el orgullo de los Salvatici la obligó a enderezar la espalda.

Sus ojos verdes chispearon con rabia.

—¡Eres un maldito farsante! —siseó Fiorella, dando un paso firme hacia el escritorio— ¡Me usaste! Sabías perfectamente quién era yo cuando me acerqué a esa barra. ¿Disfrutaste de la farsa?

—Fuiste tú quien me puso precio, mi reina —replicó Valerio, levantándose de la silla con la gracia letal de un felino.

Su imponente estatura congeló el ambiente mientras rodeaba el escritorio, acortando la distancia.

—Yo solo soy un hombre de negocios que sabe reconocer una excelente inversión cuando la ve. Además... no puedes negar que cumplí mi trabajo muy bien. Tu ex prometido parecía a punto de sufrir un colapso.

—¡No te burles de mí! —Fiorella intentó retroceder, pero la velocidad de Valerio fue superior.

Antes de que pudiera dar un paso atrás, la mano grande de Valerio la atrapó por la cintura, empujándola con firmeza magnética contra el inmenso ventanal de la oficina.

El cristal frío contrastó brutalmente con el calor abrasador que emanaba del pecho de acero del magnate.

Fiorella ahogó un jadeo, con el busto prominente subiendo y bajando aceleradamente por la proximidad.

—Suéltame, Vitale —amenazó ella, sosteniéndole la mirada con una valentía que por dentro flaqueaba— Vine aquí como empresaria, a solicitar una revisión de los créditos de los astilleros de mi padre antes de que Dominic Sforza ejecute el traspaso.

—Dominic Sforza ya está moviendo sus hilos, Fiorella —la voz de Valerio bajó a un susurro gélido, rozando sus labios carnosos con una tentación peligrosa— El papeleo de embargo está listo sobre mi mesa. Tu padre está convaleciente y los Astilleros Salvatici están en la quiebra absoluta. Si no firmo una prórroga antes del cierre de la Bolsa, Sforza los desahuciará y destruirá el legado de tu familia hoy mismo.

Fiorella cerró los ojos, asimilando el golpe. La desesperación la invadió. Dominic y Gabriella no se detendrían hasta verla en la indigencia.

—¿Qué quieres a cambio? —preguntó ella, abriendo los ojos verdes, rendida a la cruda realidad—¡Habla de una vez!

Valerio sonrió, una línea ladina y calculadora que prometía un peligro absoluto se dibujó en su boca sensual, y deslizó sus dedos con una lentitud exasperante por la línea de la mandíbula de Fiorella, haciéndola estremecer.

—Quiero un matrimonio, dolcezza. Un contrato por un año.

Fiorella abrió los ojos de par en par, atónita.

—¿Un matrimonio? ¡Estás loco!

—Es una solución de negocios perfecta para ambos —explicó Valerio, con los ojos negros fijos en ella— Mi padre, Garrick Vitale, intenta forzarme a un enlace con la Condesa Bianca Di Mauro para expandir el banco. No me gustan las imposiciones y no soporto a esa mujer.

Fiorella enfocó mejor la mirada tratando de entender.

—Necesito una esposa fachada que frene las ambiciones de Bianca y las exigencias de mi padre. Tú necesitas salvar tu empresa familiar. Yo firmo la salvación de los astilleros hoy, y tú te conviertes en mi esposa legal esta semana.

La propuesta era una locura, Fiorella temblaba de rabia, atrapada entre el deseo salvaje que ese hombre le provocaba y el resentimiento por verse acorralada.

—Es una farsa... —susurró ella, buscando aire.

—Una farsa muy íntima, mi reina. Piénsalo rápido. Las agujas del reloj corren y Dominic espera abajo para firmar el acta de defunción de tu patrimonio. ¿Aceptas mis condiciones?

Fiorella tragó saliva, mirando el abismo de los ojos negros de Valerio. Pensó en su padre, en la traición de Gabriella, en la humillación que le habían hecho pasar cuando la traicionaron y en lo mucho que su padre merecía proteger el trabajo de toda su vida. No tenía opción.

—¡Maldición! Acepto —siseó entre dientes, con el orgullo herido pero la frente en alto.

—Sabía que eras una mujer inteligente —murmuró Valerio, inclinándose para sellar el pacto con un beso corto pero devastador que le encendió los labios.

Justo cuando Fiorella intentaba recuperar el aliento y asimilar el peso de su condena, el sonido brusco de las puertas de caoba abriéndose de golpe cortó la electricidad del despacho.

Valerio no la soltó.

Al contrario, apretó su mano grande con posesividad alrededor de la cintura de Fiorella, girándose despacio hacia los intrusos.

En el umbral, con el rostro desencajado por una furia, se encontraba la Condesa Bianca Di Mauro, flanqueada por el imponente y gélido patriarca Garrick Vitale.

—¡Valerio! ¿Qué significa esta ordinariez? —chilló Bianca, clavando sus ojos afilados en las manos del magnate sobre el cuerpo de Fiorella, destilando un veneno mortal— ¡Echaste a mis asesores de la junta y te encierras con esta muerta de hambre!

Garrick Vitale dio un paso al frente, su mirada era gélida capaz de intimidar a cualquiera, pero Valerio ni siquiera parpadeó. El joven magnate sonrió con una arrogancia destructiva, sosteniendo a Fiorella contra su pecho de acero.

—Padre, Bianca... llegaron justo a tiempo —anunció Valerio con una voz que heló la sangre de los presentes— Les presento a Fiorella Salvatici. Mi prometida, y la futura socia de la Banca Vitale.

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