TianyuLa mansión se encontraba en silencio, en completa paz. Me gusta el silencio; es limpio, no exige nada. El ruido, en cambio, siempre me ha parecido una invasión. No me gustan las fiestas, ni las personas que necesitan llenar el aire con palabras vacías para sentirse vivas. Tampoco soporto el frío. Lo odio. De hecho, odio muchas cosas y a casi todas las personas.Khan estaba echado bajo el escritorio, justo sobre mis pies, una presencia pesada y tranquila que no pedía explicaciones.Ese momento de orden fue interrumpido por Zhenyu. Sus gritos resonaron por todo el pasillo, profanando la calma que conducía a mi despacho. Este era mi espacio, un lugar que acondicioné a mi medida, no a la de mi padre ni a la de nadie más. No dejé que nadie metiera las manos en el pequeño mundo que he creado para mantener la cordura.—¡Tianyu! —su voz rompió mi silencio como un cristal estrellándose contra el suelo.A mis pies, Khan pegó un respingo y movió las orejas, alerta, captando la irritación
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