Capítulo 10.
Tianyu
—Responde, esposa mía.
Me quedé allí, de pie frente a ella, esperando que soltara algo. Una justificación, un grito, lo que fuera. Deseaba con una intensidad enfermiza ver esa chispa de fortaleza que solo emergía cuando la valentía —o la desesperación— se apoderaba de su cuerpo.
—¿No vas a decir nada? —insistí. Noté que estaba temblando; era un sismo casi imperceptible, pero estaba ahí—. ¿Te comió la lengua el ratón?
En lugar de palabras, recibí un gesto de desprecio. Metió la mano con b