Después del cumpleaños de Rowan...El castillo parecía haber recuperado su ritmo habitual.Los lobos volvieron a entrenar desde el amanecer.Los cocineros discutían por el desayuno.Y Rowan...Bueno.Rowan seguía siendo igual de insoportable que el día anterior.Al parecer, su promesa de seguir molestando a todo el castillo durante los siguientes trescientos sesenta y cuatro días iba muy en serio.Yo, en cambio...Tenía la tarde libre.Casi había olvidado lo que era sentirme una persona normal.Desde que llegué al castillo mis días se habían convertido en una rutina constante de trabajo.Caballerizas.Cubos.Cepillos.Heno.Barro.Bandido.Más barro.Y después más Bandido.Por eso, cuando una de las cocineras me recordó que aquel día tenía la tarde libre, tardé varios segundos en comprender lo que significaba.Libre.Sin tareas.Sin órdenes.Sin establos.Sin tener que cargar sacos más pesados que yo.Era extraño.Tan extraño que al principio no supe qué hacer.Pasé parte de la mañana
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