En otra parte de la ciudad, Daniel Morales observaba la lluvia caer sobre el parabrisas de su automóvil con una expresión dura. El motor estaba encendido, pero no tenía prisa por moverse. Le gustaba pensar antes de actuar. O al menos, eso era lo que se decía a sí mismo.En realidad, Daniel no era paciente.Era impulsivo, violento y orgulloso. Pero había aprendido algo con los años: cuando una persona cree que ya escapó, baja la guardia.Y él estaba esperando exactamente eso.En el asiento del copiloto, su amigo Ramiro fumaba en silencio.—Llevas demasiado rato mirando la misma foto —murmuró, exhalando humo por la ventana entreabierta.Daniel bajó la vista hacia el teléfono que sostenía en la mano.En la pantalla estaba la fotografía de Valentina.Una imagen vieja, tomada meses atrás, en la que ella aparecía saliendo de la cafetería con la cabeza baja y los hombros encogidos. Daniel observó la foto unos segundos más antes de bloquear el teléfono.—Va a volver a cometer un error —dijo f
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