En otra parte de la ciudad, Daniel Morales observaba la lluvia caer sobre el parabrisas de su automóvil con una expresión dura. El motor estaba encendido, pero no tenía prisa por moverse. Le gustaba pensar antes de actuar. O al menos, eso era lo que se decía a sí mismo.
En realidad, Daniel no era paciente.
Era impulsivo, violento y orgulloso. Pero había aprendido algo con los años: cuando una persona cree que ya escapó, baja la guardia.
Y él estaba esperando exactamente eso.
En el asiento del c