La mañana llegó con una tranquilidad engañosa.
La luz del sol se filtraba por las grandes ventanas de la casa de Sebastián, iluminando suavemente la sala. Valentina estaba sentada en el sofá con una taza de café entre las manos, mirando el jardín.
Desde afuera todo parecía normal.
Demasiado normal.
Sebastián bajó las escaleras unos minutos después, revisando algunos mensajes en su teléfono. Cuando levantó la vista, notó inmediatamente la expresión pensativa de Valentina.
—¿No dormiste bien? —pr