El amanecer tiñó de un rojo violáceo las cumbres de Colmillo de Plata, pero en el centro de comando, el ambiente ya no era de tensa espera, sino de una fría y absoluta certeza. Vanya se encontraba de pie frente al ventanal principal, con una nueva túnica de seda oscura que se ceñía a su silueta y el broche de la Casa Auren brillando bajo la luz del alba. Sus ojos azules reflejaban una calma imperturbable, aunque en su interior, el lazo místico con Alek vibraba con una intensidad renovada, un recordatorio constante de la entrega de la noche anterior.Alek entró al salón con el paso firme de un depredador que sabe que la presa ha caído en la red. Llevaba su pesada armadura de combate del norte, pero no venía con la espada desenvainada. En su mano derecha sostenía un cofre de madera de sándalo, sellado con runas de contención mística.—Tu profecía se cumplió antes de que el sol tocara el cenit de las llanuras, mi Luna —dijo Alek, y su barítono profundo arrastró una satisfacción salvaje q
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