La unificación del norte no se celebró con banquetes ruidosos, sino con el sonido rítmico de las plumas de ganso marchando sobre el pergamino. Vanya entendía que un imperio no se sostenía solo con el miedo a los colmillos, sino con la solidez de una estructura que no dejara espacio a la disidencia.
En el gran salón del consejo de Colmillo de Plata, las mesas tácticas habían sido reemplazadas por largas superficies de madera de roble donde los escribas y contadores organizaban el censo de las ti