El choque de los metales resonó en las profundidades del Gran Salón del Trono como el tañido de una campana funeraria.Gideon atacó con la fuerza bruta y descontrolada de un Alfa en frenesí. Su espada dorada descendió en un arco violento que buscaba partir a Vanya en dos, pero la estratega no estaba allí. Usando los reflejos que Sura potenciaba en sus venas, se deslizó hacia la derecha en un movimiento fluido, permitiendo que la hoja del usurpador golpeara el suelo de piedra, levantando chispas y polvo.Antes de que Gideon pudiera recuperar la postura, Vanya giró sobre su propio eje y lanzó un tajo rápido con la daga de plata de Tyler, abriendo una profunda hendidura en el antebrazo desprotegido del Alfa. La sangre del sur, espesa y caliente, salpicó la superficie pulida del estrado.—¡Maldita seas, Vanya! —rugió Gideon, retrocediendo un paso mientras se presionaba la herida, el metal de plata quemando su carne licántropa—. ¡Eras mía! ¡Yo te elevé por encima de tu casta! ¡No eres nada
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