Las inmensas puertas de roble y hierro de la entrada principal de la fortaleza de Colmillo de Plata permanecían abiertas de par en par. El viento helado del exterior se colaba sin resistencia por los pasillos, haciendo ondear los estandartes rojos del sur que, bajo la cruda luz de las antorchas, parecían jirones de carne suspendidos en el aire.
En el centro del Gran Salón del Trono, la quietud era absoluta.
Vanya ocupaba el asiento de roble y plata. Sus dedos reposaban sobre los reposabrazos ta