El trayecto hacia "Ivanoff Corp" fue una mezcla de anticipación y adrenalina. Nikolái no soltó mi mano, y su pulgar trazaba círculos suaves sobre mi piel, un gesto que intentaba calmar la tempestad de dudas que rugía en mi interior. Al llegar, el edificio se alzó ante nosotros como una fortaleza de cristal y acero, un recordatorio de que estaba a punto de entrar en un mundo donde el poder se medía en decisiones, no en sentimientos.Cuando cruzamos el vestíbulo, el zumbido de los empleados fue inmediato. Muchos me miraban con descaro, sus ojos recorriendo mi traje sastre con una mezcla de curiosidad y desdén, pero me obligué a caminar con la barbilla en alto, ignorando las miradas que intentaban hacerme sentir pequeña. Estaba ahí por mérito propio, y Nikolái, caminando a mi lado con paso firme, me otorgaba el escudo que necesitaba para no desmoronarme ante tanto escrutinio.Entramos en la sala de juntas justo a tiempo, encontrando a los miembros del consejo ya instalados, luciendo ro
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