El trayecto hacia "Ivanoff Corp" fue una mezcla de anticipación y adrenalina. Nikolái no soltó mi mano, y su pulgar trazaba círculos suaves sobre mi piel, un gesto que intentaba calmar la tempestad de dudas que rugía en mi interior.
Al llegar, el edificio se alzó ante nosotros como una fortaleza de cristal y acero, un recordatorio de que estaba a punto de entrar en un mundo donde el poder se medía en decisiones, no en sentimientos.
Cuando cruzamos el vestíbulo, el zumbido de los empleados fue