Todo terminó entre risas, brindis espontáneos y abrazos apretados que me llenaron el alma por completo en esa noche tan especial. Despedimos a los niños con un tierno beso en la frente, viéndolos subir las escaleras junto a Lorena y Carmen mientras la gran casa recuperaba gradualmente su calma habitual. Vladimir se despidió con un breve gesto, dejándonos por fin solos en medio del gran salón principal.
Caminamos hacia la planta alta tomados de la mano, sintiendo cómo la urgencia contenida durant