Me quedé solo en mi oficina, el aroma de su perfume todavía flotando en el aire como una invitación permanente.
Me pasé la mano por el cabello, intentando recomponer mi compostura, pero fue una tarea imposible; cada vez que ella cruzaba por mi mente, mi mundo entero se desmoronaba para volver a ser construido a su imagen.
Me sentía patético, un hombre que durante años había dominado imperios con mano dura, ahora reducido a un tonto que se perdía en el brillo de sus ojos y en la firmeza de su v