En cuanto la pesada puerta de su oficina se cerró, bloqueando el ruido de una corporación que aún intentaba procesar lo ocurrido, Nikolái me atrajo hacia él con una urgencia eléctrica.
Sus manos sujetaron mi cintura, elevándome contra su cuerpo con una fuerza que me hizo soltar un suspiro de pura adrenalina. Me besó con una pasión desbordante, una descarga que me recorrió desde la nuca hasta los pies, haciéndome olvidar por completo las paredes de vidrio y la frialdad del mundo corporativo.
—Ha