Savannah El silencio de la casa es absoluto, un vacío pesado que presiona mis oídos al despertar. La oscuridad me envuelve, apenas rota por el resplandor azulado del despertador sobre la mesa de noche. Diez de la noche. He dormido toda la tarde, sepultada bajo un cansancio que no era solo físico, sino una derrota emocional absoluta. Al intentar moverme, un gemido se me escapa involuntariamente; cada músculo, cada fibra de mi ser, parece estar protestando por el trato de hace unas horas. El recuerdo me golpea con la misma fuerza que sus embestidas. La intensidad, el dolor punzante, la sensación de estar siendo partida en dos mientras ellos, Benedict y Kaelen, me reclamaban como si yo fuera una extensión de sus propios cuerpos. Fue terrorífico sí pero la forma en la que me entregué a ellos, como realmente no me importaba solo deseaba llegar al clímax, deseaba sentir ese dolor y placer mezclados. La desesperación que sentí, el orgasmo, fue una explosión tan devastadora, tan total, qu
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