Benedict Cavendish
La rabia es un ácido concentrado que me quema las venas, un veneno negro que me ciega hasta convertir mi visión en un túnel de color carmesí. Mis manos, crispadas en puños, tiemblan con una intensidad que apenas logro contener. Savannah está frente a nosotros, desnuda, un lienzo expuesto a nuestra absoluta voluntad. Siento el aire denso, cargado con el rastro metálico de nuestra intimidad, pero eso no basta. Nada basta. La sola idea de que otro hombre, ese tal Emmanuel, se