KaelenLa escena frente a mis ojos era, sencillamente, la representación más pura del deseo desenfrenado. Savannah, rendida ante el dominio de mi hermano, era un torrente de abandono absoluto. Mis manos, inquietas y cargadas de una energía que pedía salida, viajaban por mi propio cuerpo, encontrando el ritmo exacto, la fricción necesaria para acompañar el clímax que, sabía, estaba a punto de alcanzar. Observaba cada uno de sus movimientos, la manera en que su cuerpo se arqueaba sobre el de Benedict, el modo en que su respiración se convertía en un quejido agónico. Estaba tan compenetrado con el espectáculo, tan sumergido en mi propia excitación, que cada contracción de ella era una descarga eléctrica que me atravesaba.Cuando el orgasmo la alcanzó, no fue un suspiro, sino un colapso. Vi cómo sus ojos se perdían, cómo su cuello se tensaba y cómo, finalmente, su cuerpo se desplomaba sobre el pecho de Benedict, sin fuerzas, absolutamente rendida. En ese instante, mi propio autocontrol
Leer más