Savannah Montgomery El restaurante era una oda al lujo, un espacio de cinco estrellas que mi padre, con un simple gesto, había convertido en nuestra fortaleza privada. El salón estaba vacío, salvo por nuestra comitiva, pero para mí, el ambiente se sentía pesado, como si el aire se hubiera vuelto mercurio. La mesa era enorme, un óvalo de caoba pulida que parecía diseñado para separar mundos, y sin embargo, ahí estábamos todos los padres de Antonieta, su hermano menor, los padres de Emmanuel, nosotros, y el destino jugando una broma de muy mal gusto con la disposición de los asientos. Emmanuel, con esa sonrisa que en otro momento me habría parecido encantadora, se sentó a mi lado izquierdo. Benedict, con la severidad que lo caracterizaba, tomó el lugar a mi derecha. El problema, la espina que se me clavaba directamente en el corazón, era lo que seguía a un lado de Benedict estaba Antonieta, y a su lado, Kaelen. Ver a esa mujer, con su vestido ceñido y su sonrisa depredadora, ocupa
Leer más