La jornada laboral en el taller de costura había sido agotadora, pero el peso real que arrastraba no venía de los rollos de tela, sino de la fecha en el calendario.Era mi cumpleaños, un día que me había propuesto ignorar por completo para no hundirme en la nostalgia de mi antigua vida de clase media. Marisol me había felicitado temprano con un abrazo sincero en el despacho, pero el resto de las horas transcurrió entre hilos, costuras y las llamadas habituales de los proveedores.No esperaba absolutamente nada de la fría estructura residencial a la que llamaba hogar temporal, ni mucho menos del hombre que manejaba mi destino.Para regresar al apartamento, decidí cambiar mi vestuario por un conjunto cómodo de pantalón oscuro y una blusa sencilla en tono beige satinado, buscando un respiro de la formalidad. Al subir al auto blindado, el chofer se limitó a conducir en un silencio absoluto por las avenidas del distrito norte, acelerando hacia la torre.Cuando las puertas doradas del ascen
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