El espeso silencio que regresó al gran salón tras la entrega de las escrituras se rompió cuando Ezra caminó hacia la consola de sonido integrada en la pared.
Me quedé de pie junto a la barra de mármol de la cocina, sosteniendo el sobre de papel fino con las manos firmes, sintiendo que los latidos de mi corazón marcaban un ritmo apresurado. Llevaba puesto mi conjunto de pantalón oscuro y la blusa en tono beige satinado, una vestimenta cómoda que ahora se sentía como una armadura delgada frente a