Alaia KendrickEl eco del portazo que le dejé ir a Logan en la cara todavía resonaba en mis oídos mientras me apoyaba contra la madera de la entrada. Tenía el corazón desbocado, golpeándome contra las costillas con una violencia que me mareaba. Caminé a pasos rápidos hacia las escaleras, subí a mi habitación y me encerré de inmediato en el baño. Necesitaba quitarme de encima la tensión, el asco de la discusión y, sobre todo, el rastro físico que amenazaba con delatarme. Me desvestí con manos temblorosas y me metí a la ducha. El agua tibia resbaló por mi piel, y no pude evitar soltar un gemido ahogado cuando el líquido tocó mis nalgas; la piel seguía latiendo, enrojecida y sensible por los azotes que Alexander me había plantado en el Penthouse. Me lavé con desespero, frotando mi cuerpo con el jabón, pero en cada rincón, en la pesadez de mi vientre y en la sensibilidad de mi vagina, seguía sintiéndolo a él.Salí de la ducha, me sequé a toda prisa y me cambié de ropa, eligiendo una bl
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