Alaia Kendrick
El eco del portazo que le dejé ir a Logan en la cara todavía resonaba en mis oídos mientras me apoyaba contra la madera de la entrada. Tenía el corazón desbocado, golpeándome contra las costillas con una violencia que me mareaba.
Caminé a pasos rápidos hacia las escaleras, subí a mi habitación y me encerré de inmediato en el baño. Necesitaba quitarme de encima la tensión, el asco de la discusión y, sobre todo, el rastro físico que amenazaba con delatarme. Me desvestí con manos