Capítulo 25. A través del espejo
La luz del sol se filtraba suavemente por las cortinas, dibujando formas caprichosas sobre la alfombra. Me desperté con esa conocida pesadez en el pecho que ya se había vuelto mi compañera constante, pero hoy la sensación era completamente distinta. Hoy, el aire mismo se sentía diferente, cargado de una electricidad estática que presagiaba una tormenta inminente.Escuché el agua de la ducha correr en el baño contiguo. Federico. Mi esposo. El hombre que, en un par de horas, dejaría de ser de una vez por todas el eje sobre el cual giraba mi mundo. Me levanté en absoluto silencio, evitando hacer el menor ruido posible. Me miré fijamente en el espejo del tocador, tratando de reconocer a la mujer que me devolvía la mirada: estaba cansada, sí, pero había algo nuevo en sus ojos. Una determinación de acero que no estaba allí el día de ayer. Me observé detenidamente ahí, de pie, viendo pasar los años; el tiempo es un juez que a nadie perdona, pensé, mientras me pasaba los dedos por el rostro,
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