Capítulo 21. La marca en el espejo
Valeria
El mundo se reducía a las luces borrosas de la carretera que se perdían por el retrovisor. Federico Lara creía que me había destruido, que me había arrojado a los lobos del Ministerio Público como si yo fuera una pieza desechable de su maquinaria corrupta. No sabía que el golpe que me dio aquel día, esa bofetada que aún me ardía en la mejilla como un hierro candente, no había roto mi espíritu; solo había terminado de matar a la mujer que alguna vez, en un momento de estúpida debilidad,