Capítulo 29. El nudo corredizo
Salí del despacho del Licenciado Martínez sintiendo que el mundo, tal como lo conocía, se estaba desmoronando por completo bajo mis pies. La infranqueable pared de piedra que había encontrado en ese maldito abogado me dejó sin aliento, obligándome a mantener los puños cerrados hasta que mis propios nudillos se pusieron blancos. No hubo sobornos que funcionaran, no hubo miedo que lo doblegara ni existió una sola fisura en su postura. Por primera vez en toda mi carrera, mi dinero, mi influencia y